miércoles, 20 de enero de 2010

[Regresos]

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...Y es ahí que acudo de vez en cuando, donde permanecen mis deseos untados de polvo y de lo que una vez hubo de ser mermelada de naranja amarga. Donde los días se agrietan por el temblor que producen las palabras calladas, esas cuyo peso las hace permanecer varadas a orillas de la memoria. Inamovibles.
Nadie dijo que fuera fácil desanudar una cicatriz, condenar a la horca a todos los atardeceres de un otoño ya gastado. Pero por muchas maletas que puedan llenarse con anhelos, no se va de los labios el sabor a ceniza que dejan los asuntos inacabados. Esos que residen en los espacios vacíos entre la vida y el pensamiento, en los recovecos donde la ciudad se une a las puestas de sol, en los trazos de piel intatuables.



No debiera la memoria de hacer prisioneros.

3 comentarios:

Beauséant dijo...

la memoria no creo que haga prisioneros, si acaso rehenes voluntarios que siempre vuelven a ella pidiendo recordar si, pero de mentira, recordar como uno quiere recordar no como de verdad ocurrió todo...

Céfiro dijo...

Pero los hace.

Catalina dijo...

es genial volver por aqui, y que la puerta se encuentre entreabierta...
es que tus palabras tienen eso de postal, eso de lejano y vivido que tienen los sueños.



me encanta como huelen tus letras.