He vuelto.
Para acabar lo que empecé,
como Cristo redentor,
con los brazos abiertos
para saltar a este vacío
empantanado de la ignominia.
Dejaré de caminar por los bordes
asustados de la campana de Gauss,
abarcaré su centro.
Dejaré de dejar a mitad las verdades.
No volveré a alambicar
la sencillez extrema de la irrealidad.
Porque he vuelto, al fin y al cabo.
He vuelto, vencido y ajado.
Luciendo una exangüe sonrisa,
una mueca grapada al corazón.
Jurando no hacer ruido.
He vuelto con ojos nuevos
y el rabo entre las piernas,
listo para convertirme
en lo que coño queráis que sea.
Con hilos de acero cosidos a mi piel
para que me mangoneéis
como buen títere.
Dispuesto a que mi boca sea movida
por vuestras sucias manos
desde mi orto.
Como un gran guiñol.
Y cuando por fín
sea uno de los vuestros
y me queráis y adoréis,
me alabéis cual dorado becerro.
Entonces y solo entonces
sabréis porque he vuelto:
He vuelto
para joderos
a todos
desde dentro.
Para acabar lo que empecé,
como Cristo redentor,
con los brazos abiertos
para saltar a este vacío
empantanado de la ignominia.
Dejaré de caminar por los bordes
asustados de la campana de Gauss,
abarcaré su centro.
Dejaré de dejar a mitad las verdades.
No volveré a alambicar
la sencillez extrema de la irrealidad.
Porque he vuelto, al fin y al cabo.
He vuelto, vencido y ajado.
Luciendo una exangüe sonrisa,
una mueca grapada al corazón.
Jurando no hacer ruido.
He vuelto con ojos nuevos
y el rabo entre las piernas,
listo para convertirme
en lo que coño queráis que sea.
Con hilos de acero cosidos a mi piel
para que me mangoneéis
como buen títere.
Dispuesto a que mi boca sea movida
por vuestras sucias manos
desde mi orto.
Como un gran guiñol.
Y cuando por fín
sea uno de los vuestros
y me queráis y adoréis,
me alabéis cual dorado becerro.
Entonces y solo entonces
sabréis porque he vuelto:
He vuelto
para joderos
a todos
desde dentro.

